TAPA DIARIO UNO

Ballestena Senador


DURO RELATO DE LA MUJER QUE DENUNCIÓ POR MALA PRAXIS AL DR. MARCELO TEDESCO

b_450_400_16777215_00_http___www.santaelenadigital.com.ar_images_junio_ferrodriguez.jpgMaría Fernanda Rodríguez, denunció penalmente ante la Justicia al Dr. Marcelo Tedesco, actual director del hospital Santa Elena quien actuó como anestesista en una cirugía laparoscópica de vesícula, lo que le provocó severas secuelas y problemas psicofísicos producto de haber lesionado la médula con la aguja al momento de colocarle anestesia pedidural, se le terminó Mielitis Medular a la mujer de 38 años de edad. María Fernanda envió a Santa Elena Digital un texto donde relata cronológicamente los hechos.

TEXTO DEL RELATO

La operación de vesícula laparoscopía fue programada con anterioridad. En el mes de noviembre visito a la Dra. Roxana Díaz Pita por molestias estomacales. Ella me pide análisis completos, los cuales no manifiestan ningún valor alterado. Por lo cual sugiere una ecografía de vesícula. Aproximadamente para el 20 de diciembre me realizo la ecografía con el Dr. Fernando Vázquez Vuelta. La misma manifiesta una cantidad de cálculos en la vesícula, a lo cual sugiere que realice la cirugía antes de que se complique la situación. Ya que yo no había manifestado vómitos ni síntomas de gravedad. Llevo los resultados a la Dra. Roxana Díaz Pita y me sugiere que vea al Dr. Weis, cirujano del Sanatorio Santa Elena. Pido turno para el día 5 de enero del corriente año, llevo los estudios realizados. Tengo la entrevista con el Dr. Me revisa y me pide los estudios pre quirúrgico y si los mismos estaban en correctas condiciones realizaría la cirugía el día martes 19 de enero. Realizo el electro y los análisis bioquímicos completos, los cuales están aptos para ser intervenida quirúrgicamente.

Decido realizar la operación en el mes de enero estando en vacaciones tanto por la sugerencia y consejo médico “antes que te ataques” y por otro lado, por los inconvenientes que surgirían al ser yo y mi esposo docentes (tener que faltar al trabajo) y nuestros hijos en edad escolar los inconvenientes que tendrían que sufrir ellos en tiempos de clase. Previendo estos posibles inconvenientes decido someterme a la operación el 19 de enero del 2016.

Me presento en el sanatorio la mañana del 19 de enero y me internan siendo la hora 10, en ayunas desde la noche anterior. A las 13hs. me colocan un suero. Ese día había programadas seis cirugías, yo era la tercera en el orden, aproximadamente a las 16hs. Me llevan a la sala de cirugía y veo al equipo médico: Dr. Weis, Dr. Grimaldi José María, la instrumentista Srta. Pusch, la enfermera Juana Martínez y el anestesista Marcelo Tedesco. Ya preparada para la cirugía, el Dr. Weis comienza a buscar con el ecógrafo, la vesícula que veo en la pantalla a mi derecha. Para este momento siempre pensé que la anestesia era total, debo aclara que nunca tuve la entrevista con el anestesista para saber que anestesia realizaría. Pienso que la anestesia sería total porque tenía un suero en mi brazo izquierdo, que esa sería la vía de anestecia y en ningún momento me avisa el anestesista, ni enfermeras que me tenía que colocar en tal o cual posición para la incisión Vuelvo en sí y me encuentro sentada y con la sensación de abrir grande los ojos y ver al Dr. Grimaldi, mirarlo y escuchar que le dice al anestesista: “sacale la aguja” y el anestesista dice: “no”. Luego escucho cuando me llevan en la camilla a la habitación. La operación tuvo un tiempo de duración de 15 minutos. El Dr. Weis le dice a mi esposo que todo salió bien y que en dos horas ya me levante y camine. Pasaron dos hs. cuatro hs. y yo no sentía las piernas, solo sentía como que tenía un peso encima que no me dejaba moverlas. Aproximadamente a las 21hs pido a la enfermera si me puede colocar una sonda vesical, ya que me habían suministrado varios sueros y yo no había orinado en 12hs. Se iba aumentando el dolor-ardor como fuego en las caderas. A las 3 de la madrugada ya era insoportable el dolor y dureza en las piernas y pido que llamen a un médico. Nadie responde. Ningún médico atiende el teléfono. Lo llaman al administrador del sanatorio para que pueda localizar a un médico del equipo a lo que responde que él no tiene nada que ver, que no lo molesten. Sigo con ese dolor que parecía en aumento. Recién se hace presente el anestesista el día miércoles a las 9 de la mañana luego de 16 hs. de realizada la cirugía.  Llega y me realiza una prueba de sensibilidad, me pincha con una aguja las piernas, para lo cual yo no sentía nada. Yo y mi familia queríamos la derivación al sanatorio de Villa General San Martín, a lo que el Dr. aduce que en la clínica Modelo nos esperan para realizar una resonancia. Aproximadamente a las 12 del mediodía estuvimos en la clínica Modelo. Me recibe un neurólogo de guardia y me dice dos posibles resultados: “si es un edema volves a Santa Elena, si es otra cosa te quedas acá”. Me realizan la tomografía y ve los resultados y dice que para confirmar su opinión llamará al Dr. Pieroti (neurólogo) Ambos acuerdan y confirman que es un edema, me diagnostican y dicen que en tres días todo volvería a la normalidad.  Vuelvo al Sanatorio Santa Elena, con esa medicación para desinflamar el edema causado por la anestesia. El dolor fue disminuyendo aunque la movilidad y sensibilidad de las piernas no. El día jueves se hace presente la Dra. Carrero, auditora del IOSPER en Santa Elena, se entera de la situación y dice que de la cirugía tendría el alta no así de la consecuencia de la anestesia.

El día viernes 22 por la tarde se hace presente el Dr. Pieroti junto al anestesista para ver mi evolución, corroboran que el dolor ha disminuido aunque yo seguía sin movimiento y sensibilidad a lo cual alega que tardará unos días más, sugiere que quiten la sonda. Me quitan la sonda aunque presento incontinencia y en el lapso de 14 días me realizan dos enemas. Aproximadamente 21 dìas estuve sin control de esfínter, luego fue regularizándose. Actualmente, si bien no presento incontinencia tengo que estar en lugares donde haya un sanitario cerca o no ingerir sólidos y líquidos.

 Mi esposo el día martes ,26 de enero, realiza una interconsulta con el Dr. Kesler (neurólogo) le muestra la resonancia y el Dr. le dice que después de 30 días recién se verán algunos movimientos y que ya se comience con kinesiología. También sugiere que luego tendré que realizar una rehabilitación en el centro integral CAICE de Paraná y que el daño causado llevará tiempo en rehabilitarse de 6 a 24 meses.

El día 27 de enero comienzo con kinesiología con el kinesiólogo Manuel Ríos, quien concurre 1 hora por día, al Sanatorio Santa Elena donde continúo internada, hasta el 24 de febrero. Estuve internada en el Sanatorio Santa Elena desde el 19 de enero al 25 de febrero del 2016. Luego soy derivada al CAICE.

El día 25 de febrero me derivan al CAICE para continuar con la rehabilitación. Estando ya en el Caice, el día 28 de febrero me diagnostican una trombosis en la pierna izquierda, que se confirma con un eco doppler realizado en la clínica Entrerriana. Comienzo con el tratamiento de 15 días dos inyecciones diarias por vía subcutánea.

En el sanatorio Santa Elena no se realizó la detección precoz ni la prevención correspondiente para evitar este tipo de obstrucción en las venas y arterias de la pierna izquierda, tanto a la altura de la ingle como detrás de la rodilla.

Luego del tratamiento por vía subcutánea sigo con la toma diaria de una pastilla anticoagulante (xorelto), por 6 meses, para prevenir episodios postrombòticos .

Me realizan en el mes de abril diferentes estudios para confirmar la disminución del edema. Para lo cual lo que se confirma es una mielitis medular causada por el pinchazo del anestesista. Tanto la resonancia, como los estudios neurológicos de sensibilidad (electromiografía y posibles resultados evocados sensitivos) confirman lo sucedido el día de la cirugía.

Actualmente sigo en rehabilitación en el CAICE recuperando progresivamente la movilidad y sensibilidad de mis piernas. La pierna izquierda presenta mayor movilidad y sensibilidad, no así la pierna derecha. Los médicos aquí dicen que no saben hasta qué porcentaje podré recuperar pero lamentablemente confirman la lesión medular y  que quedarán secuelas.

Daños y perjuicios como mujer, esposa, madre y profesional de la educación.

El daño psicofísico que me ha causado la consecuencia de la anestesia (mielitis medular) como mujer abarca muchísimos aspectos tanto desde lo físico como emocional. En lo físico la exposición y el deterioro por la ingesta de medicamentos que no estaban previstos en cuanto a lo previsto que sería la cirugía de vesícula. Considerando que cada persona se somete a una intervención quirúrgica para tener luego una mejor calidad de vida y no lo que me ha sucedido, que por una simple cirugía se cometa un terrible error médico.

El estrés post traumático sufrido ha generado la caída de la mitad hasta tres cuartos del cabello en el cuero cabelludo. Este tipo de pérdida de cabello se denomina efluvio telógeno. He perdido el cabello en manojos mientras me aplicaba el champú, me peinaba o simplemente pasaba las manos a través del pelo. Esto comencé a notarlo durante semanas y meses después del episodio de estrés causado por la cirugía. En cuanto a lo físico la paraplejia sufrida desde el mismo 19 de enero terminada la cirugía. La impotencia de no sentir y mover las piernas. Luego semanas sin una confirmación y dudas que fueron despejadas con un diagnóstico real y certero en el CAICE con la confirmación de “mielitis medular”. Las consecuencias de haber sufrido una trombosis por la falta de prevención correspondiente en el sanatorio Santa Elena, habiendo estado internada 34 días y sin medicación acorde a la situación (situación tal como la de paraplejia y en consecuencia reducción de la velocidad del flujo sanguíneo por el reposo en cama)

Como esposa y madre, estuve sin regresar a mi casa 60 días. Sin estar con mis hijos Lautaro de 9 años y Adriano que cumplió sus 3 años estando yo internada. El sufrimiento causado a mis hijos,  sin poder entender que me pasaba, “que su mamá se operó de la panza y ahora no camina”. El no poder estar y acompañarlos por tantas noches, cuando estaban enfermos, en el comienzo de clases, al despertarlos y acostarlos en las noches. El no estar presente en los cuidados y recaudos que cada madre tiene en el hogar. Haber sufrido una situación totalmente ajena y para nada prevista en cuanto a lo que sì estaba previsto que era una cirugía programada de vesícula. A partir del mes de abril tengo el permiso de regresar a mi hogar los viernes por la tarde y regresar al CAICE el lunes antes de las 8hs.

En cuanto a mi esposo haberlo hecho cargo de aquellos quehaceres que yo realizaba en el hogar. Teniendo que sacar licencia en su lugar de trabajo tanto para acompañarme, realizar los trámites de turnos y visitas médicas correspondientes.

Tanto mi esposo y yo somos docentes y el haber tenido que solicitar licencia para nada previamente planificada y si por fuerza mayor, acarrea en nuestra situación profesional –laboral inconvenientes en cuanto a puntaje, ascensos, falta de asistencia a capacitaciones que debemos realizar todos los años para incrementar nuestro puntaje, lo cual incide directamente en los concursos de cargos de ascensos. El descuento del presentismo lo cual acarrea un inconveniente en nuestra economía familiar.

En cuanto a lo económico hemos tenido gastos no previstos como los viajes de Santa Elena a Paraná que ha debido realizar mi esposo para los turnos y reuniones en el CAICE (tres veces por semana generando un gasto de $1500 semanales solo en combustible), algunos medicamentos que debimos comprar (algunos medicamentos fueron otorgados por el sanatorio). La internación en el CAICE solo es cubierta por mi obra social (IOSPER)  en un 70%. El otro 30% lo debo abonar con un crédito asistencial de la misma obra social (endeudándome en más de $15.000 mensuales). El costo de cada uno de los estudios y análisis realizados, los cuales muchos no entran por obra social.

Sin lugar a dudas los daños y perjuicios declarados anteriormente no se comparan con el daño y perjuicio mayor que fue la paraplejia sufrida. Actualmente me estoy desplazando con andador, con algunos inconvenientes eso si es un daño causado por la negligencia de un médico que no se da cuenta que sus manos deben estar preparadas para dar una mejor calidad de vida a los pacientes y no para entorpecer la vida cotidiana. Seguramente el juramento que alguna vez realizó, quiero pensar que así lo fue, en cuanto a lo ético y profesional de garantizar el bienestar psicofísico y mental de los pacientes a los cuales asiste.

Ante este hecho me veo obligada a cambiar el proyecto de vida que me había planteado y conseguido hasta el momento de la cirugía. Un proyecto de viva tanto como mujer que me desplazaba en esta vida con total normalidad. Con una buena calidad de vida. Vida sana y saludable, deportista que hoy se encuentra truncada y frustrada, por negligencia médica hoy me encuentro en esta situación. Me veo ante la situación de cambiar mi proyecto o planificación de vida que tanto me ha constado conseguir: MI CARRERA PROFESIONAL DOCENTE, que no fue fácil conseguir y hoy se ve  suspendida y limitada por esta condición y daño físico que ha causado una anestesia de una operación de vesícula. El atropello y soberbia de algunos profesionales o pseudos profesionales que nunca se hicieron cargo y responsable del daño que me causaron. Que en todo momento quisieron minimizar este hecho traumático que me ha ocurrido, detrás de la mentira que “en horas o un par de días se me iba a pasar” y que todavía hoy sigo en rehabilitación y con consecuencias de por vida. Con la incertidumbre de respuesta a mis hijos cuando me preguntan ¿mamá cuándo te vas a curar? Depresión, ansiedad, hace 16meses que mi visita es a distintos médicos y especialistas para poder llevar una mejor calidad de vida. Solo pido justicia y aquellos que provocaron en mí esta discapacidad se hagan cargo y responsables.

 

SANTA ELENA DIGITAL -.