Aunque su nombre suele generar dudas entre los vecinos, el sulfato de aluminio es una pieza fundamental para eliminar impurezas y bacterias. Un repaso por su funcionamiento, los límites permitidos por la OMS y por qué es vital para prevenir enfermedades hídricas.
Este martes, se recibió en la planta potabilizadora una carga de 28.820 kg de sulfato de aluminio líquido para garantizar el tratamiento de potabilización del agua en Santa Elena.
El uso de sulfato de aluminio es uno de los métodos más comunes y efectivos para la potabilización del agua en todo el mundo. Sin embargo, su relación con la salud es un tema que requiere entender cómo funciona el proceso de tratamiento.
1. ¿Cómo funciona en el agua?
El sulfato de aluminio no se añade al agua para que «quede» allí, sino que actúa como un coagulante. Su función es atraer las partículas de suciedad, sedimentos, bacterias y virus que flotan en el agua, formando grumos más pesados (llamados «flóculos») que caen al fondo por gravedad. Luego, esa suciedad se filtra y se elimina.
2. ¿Es seguro para el consumo humano?
Sí, siempre que el proceso esté controlado. Las plantas potabilizadoras siguen normativas internacionales (como las de la OMS) y locales para asegurar que, tras la filtración, los niveles de aluminio residual en el agua sean mínimos e inofensivos.
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Límites permitidos: La Organización Mundial de la Salud establece un valor guía de 0.2 mg/l en el agua de red para evitar problemas de color o sabor, un nivel que se considera seguro para el organismo.
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Eliminación natural: El cuerpo humano procesa el aluminio y lo elimina principalmente a través de los riñones. La mayor parte del aluminio que ingerimos diariamente proviene en realidad de los alimentos (como vegetales o aditivos procesados) y no del agua.
3. El mito del Alzheimer
Durante años existió el temor de que el aluminio en el agua pudiera causar la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, la comunidad científica internacional y organizaciones de salud han concluido que no hay evidencia sólida que demuestre una relación directa entre el consumo de agua tratada con sulfato de aluminio y el desarrollo de esta enfermedad.
4. Riesgos del producto puro
Es importante diferenciar entre el agua tratada y el producto químico puro:
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El sulfato de aluminio líquido, en su estado concentrado antes de ser diluido en la planta, es una sustancia ácida y corrosiva.
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Puede causar irritación severa en la piel, los ojos y, si se inhala o ingiere accidentalmente de forma concentrada, es tóxico. Por eso, su manipulación es estrictamente industrial.
Conclusión
El agua potabilizada con este método no es perjudicial; de hecho, es vital para prevenir enfermedades hídricas mucho más peligrosas como el cólera o la disentería. El beneficio de eliminar microorganismos mediante la coagulación supera con creces cualquier riesgo potencial del aluminio residual, el cual se mantiene en niveles ínfimos bajo controles técnicos normales.
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