Cooperse, es un proyecto que nació con fines educativos y hoy se consolida como referencia ambiental y de la economía circular. Firmaron un convenio estratégico con General Ramírez para replicar su exitosa experiencia en lombricompuesto.
SANTA ELENA.– Lo que comenzó hace casi una década como un proyecto interdisciplinario escolar y una respuesta a las exigencias ambientales del INTA para la cría de cerdos, hoy se transformó en uno de los faros de la economía circular y el cooperativismo en Entre Ríos. La Cooperativa de Trabajo Comunitario Cooperse Limitada de Santa Elena ha logrado consolidar una producción sustentable de lombricompuesto que no solo tiene sobredemanda en el mercado, sino que ya es adoptada como modelo de gestión por otros municipios entrerrianos.
De descarte contaminante a fertilizante de alta calidad
Cooperse obtuvo su matrícula en 2016 y para 2018 ya tenía su motor productivo en marcha. Su actividad principal se basa en la utilización de lombrices rojas californianas para procesar residuos orgánicos y transformarlos en un abono de altísima calidad.
«Vimos la posibilidad de aprovechar ese material orgánico que estaba siendo descartado. Decidimos transformarlo en un producto útil, evitando que terminara generando contaminación», relató Jorge Ruiz Díaz, docente, fundador e integrante de la cooperativa.
Para ingresar formalmente al mercado y certificar los estándares exigidos, la cooperativa buscó el respaldo científico de profesionales de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, quienes colaboraron en los análisis de calidad. El resultado fue un éxito rotundo: hoy, el lombricompuesto de Santa Elena es el preferido de viveros, huertas y comercios especializados, principalmente en Paraná. De hecho, el proyecto es víctima de su propio éxito. «La demanda sigue siendo mayor que nuestra capacidad productiva», reconoció Ruiz Díaz, explicando que van sumando clientes a medida que logran expandir sus instalaciones.

Alianza con General Ramírez: un hito de la economía circular
El impacto ecológico y social de Cooperse llamó la atención de diversas localidades de la provincia. Tras una serie de visitas y evaluaciones técnicas a las piletas de Santa Elena, el municipio de General Ramírez decidió firmar un convenio formal para replicar el esquema.
Desde la Municipalidad de Ramírez celebraron el acuerdo, destacando que es un paso fundamental hacia una gestión sustentable. «Ellos van a disponer de los residuos orgánicos que se generen en la planta de reciclado de nuestra ciudad», indicaron las autoridades locales. Actualmente, Ramírez se encuentra construyendo las celdas de compostaje y las bateas de hormigón en su planta de reciclado bajo la asesoría de la cooperativa santaelenense.
«Creemos que General Ramírez reúne condiciones muy favorables por su ubicación y por la disponibilidad de los insumos», remarcó Ruiz Díaz, elogiando el compromiso de los equipos técnicos de la localidad vecina.
El verdadero valor: la transformación social
Más allá de los balances comerciales y los beneficios ambientales, Cooperse se rige por los valores de la economía social. Aunque el contexto económico y las limitaciones de espacio físico redujeron el número de asociados activos de 22 a unos 15 actuales, el impacto humano sigue siendo su mayor orgullo.
Para Ruiz Díaz, el balance social es profundamente positivo. Como ejemplo de superación, mencionó el caso de una asociada que ingresó a la cooperativa, cursó estudios superiores y logró recibirse de enfermera, además de otros integrantes que continúan completando su educación obligatoria gracias al sostén del grupo.
«Para nosotros es una satisfacción ver que desde la economía social también se pueden generar oportunidades de crecimiento personal y profesional», afirmó el fundador.
Mirando al futuro
A pesar de haber enfrentado desafíos logísticos y la necesidad de mudar parte de su actividad por la sensibilidad vecinal respecto al manejo de residuos, Cooperse demostró que el tratamiento técnico y adecuado de lo orgánico no es un problema, sino la solución a la contaminación urbana.
A casi diez años de sus primeros pasos, la experiencia nacida en Santa Elena demuestra que la sustentabilidad y el trabajo comunitario son herramientas viables para el desarrollo productivo. El modelo de lombricultura local ya dejó de ser una iniciativa de patio escolar para transformarse en una política pública de referencia en Entre Ríos.
SANTA ELENA DIGITAL-.

